Enamorarte de tu bebé: Las 2 primeras horas

Las dos primeras horas tras el parto son fundamentales porque se ponen en juego los programas de supervivencia del bebé en un momento cerebral y hormonalmente privilegiado.

Todavía se tiende a la separación de la mamá y el bebé sin justificación real. Y cuando no se separan, no se sabe muy bien qué hacer ni la importancia brutal que tiene ese momento para el vínculo profundo, visceral de madre e hijo y para la lactancia exitosa. 

Ese momento es sagrado, es como entrar a un templo de cientos de miles de años donde cada piedra tiene su lugar y si movemos una de sitio, hay que ser muy cuidadoso y consciente de lo que se está haciendo y que sea por un bien mayor, no por simple torpeza. 

Tanto la madre como el bebé tienen su pico de oxitocina, el mayor que nunca tendrán en su vida, justo después de dar a luz. La oxitocina, rebosante, se mezcla con las catecolaminas y adrenalina del expulsivo. Ellas son las que permiten esa fuerza brutal para empujar que surge cuando piensas que ya no puedes más, y ellas son las responsables de que el bebé nazca muy despierto, atento y sereno, que abra los ojos, busque a su madre y grabe en su mente para siempre estos primeros minutos, estas primeras horas (unas dos horas aproximadamente).

El bebé nace listo para ejecutar su disco duro de supervivencia, instalado en su cerebro por una memoria ancestral: mira a su madre para enamorarla y establecer ese lazo irrompible con quien debe cuidarlo, se agarra a su pecho para alimentarse, reconoce su olor.

El programa cerebral de nutrición se pone en marcha: el mundo es amable, me alimenta, me calienta, estoy seguro, estoy a salvo.

La madre no se convierte en tal por el simple hecho de parir. Para la madre dar el pecho no es instintivo. Ni siquiera amar a su bebé a simple vista. De hecho muchas mujeres necesitan un tiempo para tomar conciencia de lo que ha pasado y de que su bebé es suyo y ha nacido. La madre se enamora de su bebé ante las acciones, la mirada y el olor de su recién nacido. Y está preparada para el flechazo por el cóctel de hormonas del parto y el alumbramiento.

Si esto no se produce y el bebé es separado de lo único que conoce y viene preparado para encontrar, entra en funcionamiento el Plan B: el software de la defensa, la alerta, el estrés. En lugar de oxitocina, el cerebro del bebé segrega cortisol y adrenalina. El programa de nutrición queda en standby de momento. El mundo es hostil, me tengo que defender, estoy en peligro.

Se han medido las cantidades de cortisol y adrenalina en un recién nacido después de 6 horas separado de su madre. Los niveles eran del doble comparados con un recién nacido que había permanecido todo el tiempo con su madre.

El cortisol es un tóxico para el cerebro, es de acción lenta y permanece muchas horas después de haberse segregado. Cuanta más sea la presencia del cortisol en el cerebro, más sensibilidad tendrá el niño ante el estrés porque dispondrá de menos receptores de cortisol, que son los que permiten captarlo y neutralizarlo.

A más estrés, menos receptores del estrés y menos capacidad tendrá esa persona de soportar y gestionar el estrés durante su vida y las situaciones difíciles. Hay que entender que esto no se produce sólo porque el bebé haya sido separado de su madre al nacer. Pero sí que puede producirse ante situaciones de estrés continuadas. El nacimiento es un primer impacto en un periodo de tiempo muy sensible.

Por eso, este momento es esencial. Y se prepara en el parto. Según como sea el parto, puede interferir y mucho en este momento. Por ejemplo, si la oxitocina natural, endógena, de la madre no se ha podido segregar por la presencia continuada de la oxitocina sintética, por un exceso de anestesia epidural que hace a veces que los bebés nazcan más adormecidos etc…

La cesárea de por sí no tiene porqué interferir determinantemente si ha habido trabajo de parto. Lo que sí interfiere seguro es la separación que suele ocurrir en los partos por cesárea.

Y quiero en este punto decir que no es lo mismo el piel con piel con el padre. El piel con piel con el padre debe hacerse si no hay más remedio porque la madre no puede. Pero no es una cuestión de a ver quién va a hacer el piel con piel. No. Eso es desconocer totalmente el sentido del piel con piel y todo lo que acontece en esas primeras horas. La madre necesita sentir a su bebé y es a quien el bebé espera encontrar y reconoce.

Si ese encuentro se logra en las condiciones óptimas, el agarre al pecho del bebé suele ser perfecto y efectivo, el vínculo entre la díada madre-bebé es óptimo. Se establece entre ambos esa sensación de aptitud, de logro, de valoración y validación uno del otro. Un reconocimiento mutuo maravilloso, base de la salud física y mental de ambos.

Y si no se logra por las causas que sean, no hay que alarmarse. Hay que saber que se perdió algo, y que se puede recuperar, siendo conscientes de ello y poniendo los recursos y medidas para lograrlo. Nunca es tarde.

Ya sabes que me encanta que me expliques… ¿cómo fue tu experiencia?, ¿cómo te gustaría que fuera?.

Pregúntame lo que quieras, estaré encantada de echarte una mano. Un abrazo!

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