Las pequeñas virtudes

Acabo de leer este libro precioso. No conocía a su autora, Natalia Ginzburg, y ha sido el primer libro de narrativa que he leído en mucho tiempo.

La obra es una recopilación de artículos a medio camino entre el ensayo y la autobiografía. Son cortos y me encanta porque van construyendo en espiral una idea o vivencia que acaba perfectamente redondeada, dejando un poso de reflexión, de dulzura y paz.

El último de los artículos, llamado como el título de la obra, Las Pequeñas Virtudes, habla sobre educación y nuestro papel como padres en la educación de nuestros hijos. Se refiere a varios temas, como el dinero, la escuela y los resultados académicos y nuestro papel realmente en la creación de la persona que será nuestro hijo.

 

La autora nos propone sublimar nuestra vida y nuestra relación con nuestros hijos -se entiende que hablamos de hijos ya creciditos, en la adolescencia- a través de la vocación.

‘¿Y qué es la vocación de un ser humano, sino la más alta expresión de su amor a la vida? Nosotros debemos esperar, a su lado {de nuestros hijos}, a que su vocación despierte y tome cuerpo’.

‘La única verdadera salud y riqueza del hombre es una vocación’

Nos preguntamos entonces cómo ayudar a nuestros hijos a encontrar su vocación, a que despierte en ellos la pasión por algo y que puedan desarrollarla.

El nacimiento y el desarrollo de una vocación requieren espacio, espacio y silencio, el libre silencio del espacio. La relación que existe entre nosotros y nuestros hijos debe ser un intercambio vivo de pensamientos y sentimientos, y, sin embargo, debe comprender también profundas zonas de silencio; debe ser una relación íntima y, sin embargo, no mezclarse violentamente con su intimidad; debe ser un justo equilibrio entre silencio y palabras. Nosotros debemos ser importantes para nuestros hijos, pero no demasiado. Debemos gustarles un poco, pero no demasiado, para que no se les ocurra querer llegar a ser idénticos a nosotros, copiar el trabajo que hacemos, buscar nuestra imagen en los compañeros que eligen para toda la vida. Debemos tener con ellos una relación de amistad, pero no debemos ser demasiado amigos de ellos, para que no les resulte difícil tener verdaderos amigos, a quienes puedan contar cosas de las que con nosotros no hablan’.

Cuando estás criando a tus hijos pequeños, esta visión es impensable, ya que en la etapa de la infancia lo somos todo para ellos. Sin embargo, tenerlo siempre presente ayuda a crear una perspectiva y un foco, una guía, que puede ser muy útil a la hora de tomar decisiones importantes, y en el día a día, mirando a nuestro hijo tal y como es y respetarlo y amarlo incondicionalmente.

Además, teniendo esto en mente, evitas el susto de cuando realmente llega el momento en que tus hijos empiezan a separarse de ti buscando su propio yo, su propia identidad y por tanto, su propia vocación. Su sentido para su existencia, único e irrepetible.

Así, juegas desde el principio al juego del apego y el desapego, uniendo opuestos, en ese juego inefable de la vida de los contrarios existiendo al mismo tiempo, formando una unidad.

‘Debemos ser para ellos un simple punto de partida, ofrecerles el trampolín desde el cual darán el salto. …en el amor que profesamos a nuestros hijos podemos mantener alejado de nuestro corazón el sentido de la propiedad‘.

Y, como siempre, la única manera de hacerlo es a través de nuestra propia experiencia.

‘Pero si nosotros mismos tenemos una vocación, si no hemos renegado de ella ni la hemos traicionado, entonces podemos dejarlos germinar tranquilamente fuera de nosotros, rodeados de la sombra y el espacio que requiere el brote de una vocación, el brote de un ser. Esta es, quizá, la única posibilidad que tenemos de resultarles de alguna ayuda en la búsqueda de una vocación, tener nosotros mismos una vocación, conocerla, amarla y servirla con pasión, porque el amor a la vida genera amor a la vida‘.

Precioso. Me siento muy identificada y muy de acuerdo, ahora que ya tengo hijos adolescentes (qué rápido ha pasado!).

Y eso hace que aún con más emoción y ahínco, me dedique a mi pasión: informar, conectar y empoderar a las mujeres en su maternidad, para que puedan ejercerla con placer, con sentido, y, en el camino, crear un mundo mejor, de personas más felices y amorosas.

Me encantará que me dejes tus comentarios con tus vivencias, tus sentimientos o tus preguntas. Siempre respondo y me encanta hablar contigo y apoyarte en lo que necesites.

 

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