La maternidad como parte de nuestra sexualidad

Ayer escuché la grabación de una charla que hizo mi admirada Casilda Rodrigañez.

Seguramente la conoces o te suena porque ella ha sido pionera en el estudio profundo de nuestra sociedad y nuestra civilización a partir de las relaciones materno-filiales y cómo ello ha influido en muchos de los problemas que tenemos en nuestras sociedades.

Además, tiene un conocimiento maravilloso de la fisiología femenina, de sus ciclos, de su sexualidad, de sus impulsos más íntimos e intuitivos en su maternidad y de cómo a lo largo de cientos de años se ha bloqueado y cercenado ese tesoro maravilloso de las mujeres.

 

Y ¿por qué ese interés en negar y denigrar algo tan inherente a nuestra especie y tan grabado en nuestra biología? Pues porque es la vía mas rápida y efectiva de dominar a la mujer y de controlar y manipular a las personas humanas.

 

La maternidad no es un hecho aislado de la vida sexual y emocional de la mujer. El deseo femenino se plasma en una serie de fenómenos que se concatenan, es decir, que cada uno tiene su inicio en el anterior y gracias a él.

 

Así la maternidad surge del deseo sexual femenino, cuya hormona por excelencia es la oxitocina. La oxitocina se ‘encaja’ en los distintos receptores específicos que se hallan en el cuerpo de la mujer: las fibras musculares de vagina, útero y pechos.

 

Es la oxitocina la que será la responsable (entre otras muchos fenómenos) de que el parto se produzca. Gracias a ella, las fibras musculares del útero impulsarán al bebé hacia el canal del parto. Cuanto más relajado esté el útero, más placentero y más rápido el nacimiento.

 

Es la oxitocina la que permitirá que la leche materna se bombee para que el bebé, cuya succión por sí sola no es suficiente, pueda alimentarse. Cuanta más succión, más oxitocina, más placer.

 

La maternidad está estrechamente unida al deseo y placer femeninos. Es el desarrollo de la sexualidad de la mujer. Así, todo va adquiriendo sentido. Coartar, denigrar, desvalorizar, manipular el parto, el instinto femenino de maternar a la cría, es hacer creer a la mujer que su cuerpo no es óptimo, no es ni siquiera adecuado para parir y criar. Es quitarle todo su poder, reduciéndola así a un objeto para servir otros intereses, nos podemos imaginar cuáles.

 

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