¿Parir en casa es una moda?

 
¿Por qué siempre me da la sensación de que en este país vamos a la cola de Europa? ¿Por qué encima vamos hacia atrás en lugar de evolucionar hacia más libertad, más derechos, más democracia?
 
Escribo refiriéndome hoy, 25 de abril del 2019, al caso de una madre de Oviedo que fue obligada, por orden judicial, y llevada a la fuerza por la policía al hospital a parir a su bebé porque estaba de 42 semanas y 3 días de gestación.
Esta mujer deseaba dar a luz en su casa y hacer un manejo expectante, es decir, esperar a que el parto se desarrollara fisiológicamente. Sin intervención o inducción médica mientras no fuera necesario.
 
Ella iba realizándose sus controles para asegurarse del bienestar fetal y tenía su comadrona para asistirla en su parto. Hasta ese momento, el bebé y ella estaban en perfectas condiciones.
 
Una vez en el hospital (y no me puedo imaginar el trago de tener que salir de casa escoltada por la policía a dar a luz a tu bebé), las contracciones, que por lo visto ya habían empezado, se detuvieron. Hecho muy previsible y normal, ya que  cualquier interrupción o percepción de inseguridad o de estrés puede detener el parto.
 
Finalmente, como no había progresión en el parto (qué mujer se sentiría tranquila y segura para parir en un sitio al que ha sido obligada a ir, llevada por la policía!!), le han hecho una cesárea.
 
Encima, la Ministra de Sanidad, María Luisa Carcedo, declara, entre otras cosas, que parir en casa es una moda. Diciendo esto la Ministra demuestra lo poco que está al día de la evidencia científica, avalada por innumerables estudios y publicaciones, lo poco que tiene en cuenta las recomendaciones y estudios de organismos internacionales (como la OMS), y las prácticas en otros países de Europa, donde este atropello y secuestro jamás hubiera sucedido, como por ejemplo, el Reino Unido.
 
Además, lo sucedido que vulnera de plano la Ley 41/2002 de 14 de noviembre, Reguladora de la autonomía del paciente que defiende el »Derecho inalienable a la libertad individual del usuario». O sea, si un paciente es debidamente informado, y está en su sano juicio, y aún así no quiere hacerse un tratamiento, está en su derecho a no hacérselo. ¡¡Faltaría más!!
Esta mujer de Oviedo no ha podido ejercer un derecho fundamental. Y eso es gravísimo. ¿Es porque era mujer embarazada?
He oído, entre los muchos comentarios y artículos que ha suscitado el caso, que alguien decía: ‘y si el bebé hubiera muerto, ¿de quién sería el parto?’ Pues de ella. De nadie más.
Porque es obvio que una madre que llega a término en su embarazo no quiere que su bebé muera. Es lo último que querría. Y si actúa como lo hace es porque piensa que eso es lo mejor para ella y su hijo. Y no hay que dudar de eso. Porque sino, pronto, nos dirán qué hacer con nuestros hijos porque es lo mejor para ellos. Nos dirán cómo educarlos, qué darles de comer y de qué marca, qué decirles y qué no hacerles.
Ojo, que la espada de Damocles no está tan lejos… 
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