Sobre mi

¡Hola! Soy Tere González, madre de dos niños y creadora de la Tribu Posparto.

He creado lo que me hubiera necesitado tener cuando tuve a mis hijos : comprensión, información, empatía, apoyo profesional y el calorcito y complicidad de otras madres pasando por lo mismo que yo.

En esa época yo no estaba informada, ni siquiera sospechaba todo lo que más tarde vendría cuando me quedé embarazada de mi primer hijo.

Un 1 de diciembre de 2004 rompí aguas, llamé a la clínica y me dijeron que fuera para allá inmediatamente. Allí, me tumbaron en una camilla, con las piernas arriba, las cintas y una vía. Ah! Y oxitocina. Y epidural. Y 10 horas más tarde, sin haber sentido nada, sin haberme movido de esa posición, nació Lluís, con fórceps y un señor tajo (episiotomía). En ningún momento cuestioné ni pedí nada porque pensaba que eso era lo normal. De hecho, muchas cosas coincidían con lo que algún familiar me había contado, o sea que bien.

 

Sin embargo, el posparto se encargó de hacerme saber que eso no era normal. Podía ser habitual. Pero no normal. Recién parida, me sentía como ausente, con muchísimo dolor en la episiotomía. Mi bebé pedía leche, y a mi no me subía. Lloraba. Yo estaba desolada. Me sentía triste. La sola pregunta de cómo había ido el parto, me hacía llorar. Sin motivo. Sin yo saber por qué. Me sentía extraña. Muy sola. A mi alrededor no comprendían por qué. ¡Si todo había ido muy bien!. Pero mi cuerpo sabía que no. La lactancia no funciono como esperaba y pronto le di biberón, me dio mucha pena.

Con mi segundo hijo la historia cambió. Me asesoré bien, fui a cursos de preparación al parto y yoga (por aquel entonces yo ya hacía yoga regularmente). Y el parto fue toda una lección de vida. La manera como me sentí con mi bebé fue de felicidad pletórica. ¡La oxitocina natural había hecho su trabajo! Me subió la leche, pude amamantar bien. Estaba radiante.

 

Nadie me quitó el cansancio de no dormir, de no tener tiempo para nada, el agobio a veces, pero tampoco me quitó nadie el sentir de mi cuerpo, mi fuerza, mi conexión con mi hijo, mi disfrute, mi plenitud.

A partir de ahí, 2008, me dediqué por completo a formarme como profesora de yoga, especializarme en yoga para el embarazo y la crianza, a llevar grupos de madres y prepararlas para un embarazo y un parto y un posparto lo más consciente y pleno posible.

Durante todos estos años, además de formarme en Bioneuroemoción, PNL, Transgeneracional, entre otros, he aprendido muchísimo sobre todo el proceso en estas primeras etapas de la maternidad.

Es un inmenso placer ver la belleza de las madres embarazadas y con sus bebés. He aprendido mucho sobre sus ilusiones, sus pesares, los obstáculos que les pone nuestro sistema para poder disfrutar y decidir sobre su maternidad. Sus miedos, sus preocupaciones. Las acompaño, comprendo y apoyo, sea loque sea lo que les acontece.

Las madres necesitan de otras madres para sostenerse, para acrecentar el amor, la confianza, para que irradie la alegría íntima de la maternidad. Esa es mi pasión. Así crezco yo. Así pongo mi grano de arena en que las mujeres nos empoderemos, conectemos con lo que queremos, sintamos el placer de nuestro cuerpo y la aventura transcendental que es ser madre.

Ahora sé que para criar a los hijos se necesita una Tribu.

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